En los últimos tiempos,  mucha gente se pregunta: ¿cómo es posible que habiendo más información que nunca sigue habiendo embarazos no deseados y sobre todo tantas enfermedades de transmisión sexual (ETS), por qué precisamente ahora, habiendo tanto acceso a la información como nunca ha habido antes?

Pues es que resulta que la raíz del problema no está en saber poner un preservativo o en saber todo sobre la píldora postcoital o los anticonceptivos, el problema, parece ser, que viene de otro lado, más adelante lo explico.

Cuantas niñas de 16-18 años (a veces 14 años!) acuden a la consulta de ginecología confesando no utilizar preservativo solamente porque su pareja de turno no quiere ponérselo sin más, y ellas acceden exponiendo su salud con tal de ser aceptadas, otras se precipitan para tener relaciones porque es lo que toca (sus amigas ya lo han hecho) y para ello hasta beben alcohol para poder hacer lo que no son capaces de hacer con plena conciencia…

Además, curiosamente, creemos que esta nueva generación va a ser menos machista y es todo lo contrario, como bien alerta el sociólogo Javier Elzo: “la violencia de género entre adolescentes es hoy mayor que hace dos décadas”.
Y es que nos hemos “tragado” el cuento de que la liberación de la mujer es tan solo hacer las cosas que antes estaban reservadas para los hombres, incluso negándonos a nosotras mismas nuestra propia naturaleza femenina si es necesario.

A NIVEL SOCIAL

Hay adolescentes que cambian de pareja sexual con frecuencia, y lo peor es que se consideran muy avanzadas o liberadas por esto, ojalá fuera así, ojalá lo hicieran realmente por su plena satisfacción sexual, pero muchísimas de las ocasiones no es así, y lo que buscan es sentirse valoradas por la otra persona o por sus amigas porque hayan “conseguido” al chico popular de turno, algunas ni siquiera han llegado a un solo orgasmo. Otras, no conocen su propia biología y anatomía, cuantas veces ha venido alguna consultando porque se le ha quedado un preservativo dentro y tienen miedo que se les vaya “para arriba” (una mujer segura, conocedora de su cuerpo es capaz de retirarse un preservativo sola sin miedo y sin problemas).
Por otro lado, el sistema consumista inventa cosas innecesarias para que consumamos, y para esto es especialista en crearnos miedos o ascos para este fin, y me explico con el ejemplo clásico: los anuncios de tampones y compresas nos dan a entender que nuestras menstruaciones son un asco, algo que ocultar a toda costa, que huelen mal, que necesitamos compresas olorosas o toallitas perfumadas para esconder ese vergonzoso olor. Hasta el último anuncio de tampones es para llorar: la famosa actriz de turno le explica a un hombre lo bien que está el nuevo modelo de tampón y encima le dice: “y tú ni lo notas”, mientras le persigue una panda de musculitos, vamos! lo importante que es la aprobación de los hombres hasta en las cosas relacionadas con nuestra higiene íntima!
El mundo de la moda: nos vende un prototipo de mujer de sumamente delgada, con 0% de grasa, de facciones aniñadas,  sin pelos en ninguna parte (y digo ninguna parte), bella y sobre todo sumisa, una especie de “pastelito rosa” para que los hombres “piquen”. Ya desde las “inocentes” pelis de Disney tipo Blancanieves se lo dejamos bien clarito a las niñas: tienes que ser bella, dulce y sumisa para conseguir un buen partidito (príncipe azul) y te salve de todo mal y así ser feliz para siempre (menudo mensaje maman desde la cuna nuestras niñas, verdad?).
Hasta que no dejen de verse las mujeres a sí mismas como OBJETOS de placer y empiecen a verse como SUJETOS de placer, no hay nada que hacer. Se perpetúa el mismo rol (hoy disfrazado de otra forma, pero es lo mismo) de ser sumisa de una u otra manera. Además, por todos lados el bombardeo de ese prototipo de mujer que no puede tener grasa (así tantos transtornos alimenticios), ni pelos, ni olor, ni nada!… ahora, eso sí, hay que tener unas buenas tetas, cada vez son más las que piden como regalo de cumpleaños unas tetas nuevas para estar a la altura de lo que se les demanda para ser una chica “diez”.
Toda una parafernalia de artilugios para encorsetar a la mujer por todos lados hasta dejarla sin energías para ser ella misma.
Y dejo bien claro en este punto que nada tengo en contra de la belleza, me gusta la belleza, como a cualquier persona, por supuesto es positivo cuidar la imagen, pero cuando la belleza se vuelve obsesión o pérdida de la salud ya no es belleza, cuando una mujer no está equilibrada por dentro ni satisfecha consigo misma no podrá ser feliz jamás, por mucho artilugio que se ponga para ser bella, o por mucho que ese príncipe azul (o chico popular) caiga rendido a sus pies.

A NIVEL CULTURAL

Muchas son las referencias en la antropología sobre como la adolescencia en otras culturas no se concibe como una etapa conflictiva tal y como la concebimos en occidente.

-Los trabajos de Margaret Mead en Samoa, donde la adolescencia es una transición suave y no marcada por las angustias emocionales o psicológicas, y la ansiedad y confusión observadas en los Estados Unidos. Los niños samoanos son familiarizados  tempranamente con lo que es la sexualidad, el nacimiento y la muerte. A diferencia de la sociedad occidental, donde dichos temas son reprimidos.

-La tan conocida aportación de Jean Liedloff en sus expediciones en la selva venezolana: esta antropóloga establece una relación directa entre la crianza basada en un vínculo seguro y el paso a la etapa adulta con un desarrollo óptimo a nivel emocional y mental: el concepto del Continuum.

Son muchos los estudios que manifiestan como influye la cultura en la formación de sociedades con mayores o menores grados de violencia, así, las culturas donde existen unos patrones de crianza donde se respetan las necesidades afectivas de los niños dan lugar a sociedades más pacíficas, sin embargo, aquellas en las que no se respetan estas necesidades dan lugar a sociedades más violentas o guerreras.

 

EL MODELO DE CRIANZA EN NUESTRA CULTURA TIENE UN PESO ESPECIFICO 

Antes era el tabú, la represión sexual lo que nos mantenía “a raya”, era el modelo de mujer casta, que no se lo pone fácil (en el sexo) al hombre lo que estaba bien visto. Hoy es todo lo contrario, pero si miramos al fondo de la cuestión podemos ver que en realidad sigue siendo lo mismo. Me explico: en el fondo de todo sigue primando un modelo de mujer OBJETO y no SUJETO, al servicio de lo SOCIALMENTE (Y CULTURALMENTE) BIEN VISTO E IMPUESTO, antes era reprimir el instinto sexual y ahora forzarlo/disfrazarlo, es que no veo una adolescente muy diferente entre la “estrecha” de antes y la “lanzada” de ahora, sigue faltando seguridad, confianza, autoestima, es más de lo mismo disfrazado pero de otra forma. Antes las mujeres teníamos que esperar a que fuera el hombre el que diera el primer paso, ahora la mujer puede lanzarse pero sigue estando centrado todo en el otro, la aprobación del otro es más importante que el placer de una misma. Ahora, a pesar de poder tener relaciones sin las restricciones de antes, se ven los mismos problemas en la esfera sexual: disfunciones sexuales, desconocimiento/desconexión de sus propios cuerpos, tendencia a patologizar lo normal, la inseguridad…, y todo ello porque no entienden que antes que entregarse al otro hay que entregarse a una misma, quererse a una misma, estar satisfecha, sentirse completa, segura con su propia vida. 

Y qué tiene que ver la crianza en todo esto?

Una crianza basada en el desapego deja una huella, un vacío emocional no satisfecho, unas personas estarán más afectadas que otras según lo que les haya tocado vivir y de su grado de resilencia.
Desde la teoría del apego de Bowlby hasta los muchos estudios que la neurociencia aporta hoy día, está sobradamente demostrado que una crianza basada en favorecer el vínculo madre-hij@ da lugar a niñ@s segur@s, empátic@s, con un adecuado desarrollo del cerebro derecho, el cerebro relacionado con las emociones y la creatividad. Ya desde el nacimiento, el vínculo madre-hij@ influirá en las relaciones afectivas del futuro adulto como bien recalca el neurocientífico, referencia a nivel mundial, Allan Schore. Pero precisamente en nuestra cultura está muy arraigado el creer que es bueno “acostumbrar” a los niños a todo lo contrario para que se hagan independientes y seguros: que duerman solos cuanto antes, dejarlos llorar, que no se acostumbren a que los cojamos o los acurruquemos, muchos ven normal el castigarlos o darles un azote si no cumplen las normas que les imponemos,… Todo esto, la mano dura en la educación todavía está muy arraigado en nuestra cultura y se cree que esto es bueno para educarles, nada más lejos, todo esto provoca inseguridad, no lo digo yo, lo dice la neurociencia, el/la niñ@ puede incluso parecer que está bien (porque no le queda otra que reprimir sus deseos afectivos para poder sentirse amad@ por sus padres), lo malo es que todo lo que se reprime acaba saliendo de una u otra forma más adelante. En esto puede surgir el clásico debate de si no es bueno consentir a los hijos, pero eso daría para otro post muy largo y no quiero salir del tema principal, lo que está ampliamente demostrado es que un niñ@ necesita amor para poder desarrollarse y tener un adecuado equilibrio emocional en la adultez y a los bebés solamente se les puede hacer sentir el amor a través del contacto permanente con ellos, creando un apego seguro. 

 

TODAS LAS CARENCIAS: EN LA CRIANZA, LO SOCIAL Y LO CULTURAL

Así pues, retomando el tema de las adolescentes, muchas, se rebelan y reaccionan a estas carencias emocionales que arrastran desde la infancia, pero a estas carencias afectivas se añaden además: 

-el arquetipo de mujer que la sociedad impone: primero, en la más tierna infancia las pelis, cuentos y todo ese mundo “princesoide” que marcan a la mujer en su papel de sumisión, después el bombardeo con el modelo de mujer hipersexualizado, enfocado a ser lo más apetitosa sexual posible para los hombres. Habéis leído alguna vez una revista de adolescentes?

la sobrevaloración del amor romántico en nuestra cultura y el falso mito de la media naranja, de donde surge la necesidad de reconocerse en esa supuesta media naranja que les falta en lugar de reconocerse a sí mismas como sujetos completos.
Así, todo ello: el tipo de crianza, las exigencias de la sociedad y la cultura que sobrevalora el amor romántico y la belleza femenina a través de los ojos del patriarcado, forma un buen caldo de cultivo para crear ese vacío y confusión, que se focaliza en esa necesidad de aprobación constante por sus amig@s y sus parejas. En esta etapa, de búsqueda de sí mism@s, de su identidad, ante tanta confusión, como el amor romántico es la supuesta salvación, entran muchas en esa vorágine de relacionarse de una forma desconectada de sí mismas y sus deseos reales, siendo el sexo entendido como un medio para un fin diferente al del respeto mutuo de dos personas que son primeramente completas por sí mismas y que se aman y dan placer mutuamente. Sigue habiendo mucho de sumisión y vulnerabilidad en las adolescentes detrás de todo esto. 
Y la pena es que estamos cieg@s, hay mucha incomprensión por nuestra parte para entender qué les pasa a las adolescentes. Las propias mujeres que tienen hijos varones, muchas de ellas, en las típicas conversaciones de amigas, tachan a las adolescentes en general de adjetivos despectivos que no voy a poner aquí porque ya los conocéis, porque en lugar de verlas como víctimas las ven como todo lo contrario. Para mi son igual de víctimas o más que antes, víctimas de como está planteado todo el sistema, detrás de toda esa apariencia, que tienen algunas, de mujer fatal hay mucha vulnerabilidad.

Resumiendo: el problema ante todo se llama falta de autoestima/seguridad, que se inculca desde: la forma como son educadas, los dictámenes de la sociedad y el plano cultural. La educación sexual no es algo mecanicista basado exclusivamente explicar los métodos anticonceptivos y la prevención de ETS. La educación sexual pasa por facilitar el autoconocimiento de un@ mism@ y la capacidad de conectar con su propio cuerpo, con los cambios fisiológicos (es decir, normales) que se producen más allá de los tabúes, así como también conectar con el mundo de sus emociones, alejando los tabúes socialmente impuestos: “hacer consciente qué quiero, qué busco, qué me pasa, qué necesito realmente, por qué hago esto o lo otro, y lo más importante: deben aprender valorarse y amarse a sí mismas, antes de buscar que sean otras personas las que las valoren o acepten”.