Hay una pregunta que se repite con frecuencia a lo largo de gran parte de la vida adulta de muchas mujeres, y es la de cómo tratar las infecciones vaginales.


Este tipo de infecciones son relativamente comunes, y normalmente, siempre pensamos en su tratamiento –una vez que ya aparece la infección– sin tener tan en cuenta la prevención.

Pero no solamente debe preocuparnos el tratamiento (que por supuesto es importante), sino que debemos prestar mucha atención a saber prevenir este tipo de infecciones, ya que ambas cosas, en este caso, son igual de importantes. Por ejemplo, el estilo de vida o el uso en exceso de determinados productos de higiene femenina pueden afectar negativamente. Por eso, es esencial que aprendamos a cuidar correctamente la zona vulvar para evitar que este tipo de infecciones se repitan.

La microbiota vaginal


Cuando llega la edad fértil, el aumento de estrógenos provee a la vagina de un ambiente más rico en glucosa, y los lactobacillus del intestino migran y colonizan la vagina, transformando la glucosa en ácido láctico, lo que produce un ambiente ácido.

Los lactobacillus y el ambiente ácido que éstos generan son una barrera defensiva natural para evitar infecciones. Pero la microbiota vaginal puede verse afectada y cambiar su equilibrio debido a la influencia ambiental: pueden alterarla los cambios hormonales, la conducta sexual, hábitos higiénicos, nutricionales y por supuesto, el estado de salud general.

Es esta ruptura del equilibrio de la microbiota vaginal lo que puede favorecer la aparición de infecciones.

 “Este tipo de infecciones son relativamente comunes, y normalmente, siempre pensamos en su tratamiento –una vez que ya aparece la infección– sin tener tan en cuenta la prevención”


Candidiasis vulvovaginal


La candidiasis vulvovaginal es una infección producida por hongos.

Ahora bien, para que se produzca la infección, primero ha de haber una ruptura del equilibrio bacteriano en la vagina con una disminución de las bacterias beneficiosas como los lactobacillus.

Los hongos pueden estar presentes en la vagina sin producir infección, pero en el momento en que disminuyen las bacterias beneficiosas se favorece la proliferación de los hongos, dando lugar a la vulvovaginitis candidiásica (de la que ya hablamos en anteriores posts).

De ahí la importancia de no limitarse solamente a tratar la infección, sino también de mantener en equilibrio la microbiota vaginal para evitar las recaídas y que con ello, aparezcan de nuevo las infecciones.

Vaginosis bacteriana


Lo mismo sucede con la vaginosis bacteriana, que es una infección vaginal que también se inicia con la ruptura del equilibrio bacteriano, proliferando más las bacterias no beneficiosas de la vagina que las beneficiosas (lactobacillus) y dando lugar a un flujo vaginal con unas características específicas (abundancia anormal de flujo, mal olor, tonalidad grisácea o amarillenta, etc.).

Tanto la vaginosis como la infección vaginal por hongos tienen tratamientos efectivos que en algunos casos pueden combinarse con probióticos para recolonizar la microbiota por bacterias beneficiosas que mantengan el equilibrio del ecosistema vaginal.

Los probióticos pueden administrarse directamente vía vaginal o bien pueden tomarse oralmente para que una vez llegan al intestino, migren a la vagina devolviéndole su equilibrio bacteriano.

Cuidados de la zona vulvar


Hay numerosas causas que no tienen un origen infeccioso, pero que pueden provocarnos síntomas bastante molestos, como irritación, sequedad o tirantez vulvar.

Estas causas no infecciosas pueden tener un origen diverso, aunque a veces los más comunes, sorprendentemente, suelen estar relacionados con cosas tan comunes en nuestro día a día que incluso podemos no reparar en ellas; sin embargo, también son bastante importantes para cuidar esta zona.

Por ejemplo, no es nada recomendable el uso excesivo de productos como salvaslips. A pesar de ser una costumbre muy extendida entre muchas mujeres, sería desaconsejable su utilización diaria, ya que puede alterar el pH vaginal, aparte del efecto nocivo sobre el medio ambiente, puesto que la mayoría de estos productos están fabricados con plástico.

Tampoco es nada conveniente llevar prendas en la zona que estén compuestas por tejidos sintéticos (siempre es mejor opción un tejido natural como el algodón), o llevar prendas demasiado ajustadas que impidan una buena transpiración en esta zona, etc.

También pueden existir causas hormonales que provoquen síntomas de este tipo. En todo caso, siempre es necesario tratar primero la causa que produce este tipo de síntomas desagradables.

Además, como tratamiento sintomático pueden servir de gran ayuda algunos preparados tópicos que contengan componentes naturales con efecto calmante, reparador, hidratante y antiinflamatorio para recuperar el bienestar.

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Dra. Miriam Al Adib Mendiri. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Extremadura. Especialista en Ginecología y Obstetricia. Colegiada Nº 06/5634


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