La regulación hormonal es llevada a cabo por esas dos zonas del cerebro que se denominan hipotálamo e hipófisis. En el caso de la regulación hormonal femenina, durante la edad fértil el hipotálamo genera pulsos de GnRH, y en función de la frecuencia de esos pulsos graduará la producción de las hormonas LH y FSH en la hipófisis. La LH y la FSH estimulan al ovario para la producción de estrógenos y progestágenos.


Todo este eje hipotálamo-hipófisis-ovárico forma un complejo entramado cíclico donde los estrógenos predominan en la primera fase del ciclo, y después, en la segunda fase del ciclo (desde la ovulación hasta la regla) predominarán los progestágenos (como ya expliqué en el post ‘La saludable alternancia cíclica de las mujeres’, que puedes leer aquí).

Es necesario que exista ovulación para que el equilibrio se produzca correctamente, ya que con la ovulación se forma lo que denominamos cuerpo lúteo. Si no hay cuerpo lúteo, no se producirán suficientes progestágenos en la segunda fase del ciclo y no se contrarrestarían bien los efectos de los estrógenos. La progesterona es una hormona que no se sintetiza en otros tejidos aparte del ovario, y además, si no hay ovulación la capacidad del ovario para sintetizar progestágenos es muy limitada.

En cambio, los estrógenos pueden ser sintetizados localmente en tejidos como el adiposo, la mama, el endometrio… etc., a partir de los andrógenos que vienen de las glándulas adrenales y del ovario.

Las hormonas sexuales (estrógenos, progestágenos y andrógenos) se sintetizan a partir del colesterol, igual que el cortisol (que es la hormona del estrés).

¿En qué punto el estrés altera la ciclicidad de las hormonas sexuales?


El estrés es un magnífico mecanismo de supervivencia, gracias al cual nos ponemos a salvo de los peligros. Sin embargo, el problema es que hoy en día, con el ritmo de vida —a veces frenético— que llevamos, convertimos el estrés en una forma habitual de estar en el mundo, y esto ya no resulta para nada beneficioso.

Cuando hay estrés se activa el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal: el hipotálamo produce CRH (hormona liberadora de corticotropina), la cual estimula a la hipófisis para que fabrique ACTH (hormona adrenocorticotropa) y ésta estimula a las glándulas adrenales (unas glándulas que están situadas encima de los riñones) para que fabriquen cortisol. El cortisol es la hormona que pone en marcha todos los mecanismos de alerta induciendo cambios cardiovasculares, metabólicos e inmunológicos, de ahí que el estrés muy mantenido en el tiempo favorezca la aparición de enfermedades tan diversas.

¿Cómo afecta el cortisol al eje hipotálamo-hipófisis-ovárico?


El cortisol afecta directamente al eje hipotálamo-hipófisis-ovárico disminuyendo los pulsos de GnRH (hormona liberadora de Gonadotropina). Esto inhibe la ovulación y genera un desequilibrio estrógenos-progestágenos. También acude a los depósitos produciendo un aumento de glucosa en sangre (ya sabéis que para la huida se necesita tener una alta disponibilidad de glucosa).

Esta situación dará paso a un aumento de la insulina (para introducir la glucosa en las células), y la insulina a su vez estimula a las enzimas aromatasas. Las aromatasas son las encargadas de sintetizar estrógenos a partir de andrógenos, por lo tanto, en todos los tejidos ricos en aromatasas (ovario, mama, endometrio, etc.) habrá mayor producción de estrógenos, por ello habrá un disbalance más a favor de los estrógenos que progestágenos (hiperestronismo).

Este hiperestronismo no tiene porqué ser generalizado (por generalizado me refiero al exceso de estrógenos en sangre proveniente de las hormonas que fabrica el ovario), sino que puede ser local en tejidos ricos en aromatasas, de ahí que las enfermedades estrogenodependientes como la endometriosis empeoran tanto con el estrés.

¿Y si el estrés se mantiene en el tiempo?


El estrés mantenido en el tiempo genera un estado proinflamatorio que denominamos inflamación sistémica de bajo grado. Este tipo de inflamación genera resistencia periférica a la insulina y por lo tanto produciremos un exceso de insulina (para vencer esa resistencia). Por lo que volvemos a empezar: la insulina estimula a las aromatasas y empeoran las enfermedades estrogenodependientes (como la endometriosis).

En esta serie de posts podéis ampliar la información. En ellos hablé más detalladamente de la inflamación sistémica de bajo grado y de cómo afecta a la depresión:

Por eso, para tener buena salud hormonal necesitamos una adecuada regulación del eje hipotálamo-hipófisis-ovárico, pero también del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal.

Estos ejes funcionarán mejor si tenemos buenos hábitos de vida (no solo me refiero a la alimentación, que es muy importante, sino también a un descanso de calidad, a evitar el estrés y tener una adecuada práctica de ejercicio…)

En este post también hablé más a fondo de este tema, podéis leerlo para tener una información más detallada:

Y en este otro post ya os conté por qué me gusta tanto el Vitex Agnus Castus para ayudar a regular el eje hipotálamo-hipófisis-ovárico:

Si os apetece ampliar la información, en Instagram subí un vídeo ilustrativo sobre cómo afecta el estrés a nuestras hormonas sexuales. Puedes ver el video aquí.

Espero que este post os haya resultado útil. Os espero muy pronto con nuevos contenidos. También podéis seguirme en Facebook, Twitter, e Instagram.