La mercadotecnia no debe desconectarnos de lo verdaderamente importante: los bebés no necesitan nada más que una sola cosa que se llama: CUERPO MATERNO.

Contacto cuerpo a cuerpo, responder a sus necesidades, lactancia a demanda, respetar sus ritmos…

La madre también necesita estar con su bebé, si no está desconectada de sus instintos y el entorno no es hostil todo fluye a favor del vínculo.

La naturaleza, la neurobioquímica resultante cuando nos convertimos en madres nos prepara para una maternidad pro-vínculo madre-bebé. Si resulta que nuestra cultura, en muchos aspectos, nos hace creer lo contrario, puede producirse un choque: el cuerpo pide una cosa diferente a lo que la mente cree que necesita (producto de tanta información anti-vínculo recibida). No es casualidad que la depresión postparto solamente existe en sociedades occidentales. Tampoco es casualidad que se haya demostrado que la lactancia materna (que obviamente favorece el vínculo) sea un factor protector para la depresión postparto.

Si todo fluyera con naturalidad, si el parto no ha sido traumático, si la madre está bien sostenida, si su entorno no entorpece el vínculo y si se deja llevar por sus instintos… la maternidad no es una etapa de abnegación y sacrificio, sino una etapa placentera, en la que disfrutaría del placer de ESTAR (con mayúsculas) con el bebé. El bebé necesita tanto a la madre como la madre al bebé.

Si en los primeros años de vida el vínculo se ha producido de forma sana, esto trasciende positivamente a la etapa adulta, de modo que el futuro adulto tendrá una mayor capacidad para relacionarse de forma saludable con los demás, sabrá empatizar, será más seguro de sí mismo, tendrá más capacidad para responder adecuadamente al estrés, su cerebro derecho (que es el de las emociones y la creatividad) estará bien desarrollado, en definitiva su personalidad va a forjarse de la forma más óptima.

Que no nos suplanten las verdaderas necesidades por falsas necesidades. Que no nos hagan creer en modelos ideales de maternidades «asépticas» que no cambian nada la vida. No nos dejemos robar la maternidad, no nos separemos de nuestros instintos.