Todo lo referente a los procesos vitales de las mujeres y la sexualidad femenina, está muy contaminado por los intereses de la mercadotecnia.

Mantener la sociedad consumista de hoy tiene un elevado coste para nosotras, aunque también para los hombres, ya que todo ser humano nace de una madre, y empezando por las madres: si éstas no son sostenidas y la maternidad se vive conforme a unos patrones que nos alejan de nuestros verdaderos instintos, de una u otra forma esto repercutirá en el establecimiento del vínculo madre-bebé. Está sobradamente demostrado que si las madres pierden la sociedad futura también pierde (tanto hombres como mujeres).

Los modelos femeninos ideales que se construyen hablan de mujeres siempre lineales: mujeres “superwoman” que no sufren cambios ni con la maternidad, ni con el ciclo menstrual, ni con la menopausia…, así, las verdaderas necesidades instintivas que se dan en cada etapa son castradas y sustituidas por el intento de alcanzar un estatus irreal. Estamos bombardeadas de información en torno al culto a la belleza y a la juventud, y nos venden a través del MIEDO: miedo a no ser aceptadas, a envejecer, a la enfermedad, a estar sólas…

De esta manera seremos vulnerables y el sistema puede retroalimentarse fácilmente, porque compraremos de todo en aras de saciar este vacío y miedo, intentaremos consumir ilusiones como: belleza, salud, prevención, felicidad… pero siempre bajo criterios e información engañosa que sirven a los intereses del mercado.

Existe una “patologización” excesiva de los procesos naturales de la mujer, los cambios nunca son bienvenidos, queremos ser lineales, y por naturaleza no lo somos. Vamos cambiando con el tiempo, y es importante conocer y escuchar nuestro cuerpo, entender qué necesitamos. Esto implica muchas veces derribar tabúes y estereotipos que tenemos forjados en lo que respecta a nuestra sexualidad y procesos naturales. También implica aceptar que no siempre estamos igual, que por tanto, nuestro cuerpo, nuestras necesidades y nuestras sensaciones cambian a lo largo del ciclo menstrual, de la maternidad, de la menopausia, etc. Esto es la vida, no es una enfermedad ni la regla, ni el embarazo, ni la menopausia…

Si vivimos en sintonía con nuestro cuerpo, la actitud en lo que respecta a los procesos vitales y la sexualidad femenina sería otra bien distinta a la de esas mujeres de anuncio que son inalterables OBJETOS de placer. Seamos conscientes de que somos SUJETOS de placer, aceptemos que las necesidades de nuestro cuerpo van cambiando, y no por ello estamos enfermas ni taradas.

No seas enemiga de tu cuerpo, escúchalo.