Las mujeres durante la edad fértil vivimos en una saludable alternancia cíclica en la actividad de todos los sistemas del cuerpo y mente.

Esto sucede porque las hormonas sexuales femeninas varían cíclicamente, y su acción repercute
—también de manera cíclica— no solo en el aparato reproductor sino también en los demás sistemas: sistema inmunológico, sistema endocrino, sistema nervioso, sistema cardiovascular, metabolismo, etc.

Si te digo “ciclo hormonal” lo primero que piensas es en las gráficas de las hormonas femeninas, no piensas en hormonas masculinas ya que en éstas no hay ciclicidad, por eso no se representan en gráficas pues el patrón hormonal masculino no es cíclico sino lineal.

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FOTO: CICLO HORMONAL FEMENINO

Imaginemos un ciclo regular de 28 días: los ovarios producen estrógenos y progesterona todo el tiempo, pero para que todo funcione correctamente deben producirse las curvas de niveles hormonales de una manera cíclica y equilibrada.

En la que en la primera fase del ciclo (desde el día 1 al 14 del ciclo, suponiendo que hablamos de un patrón de reglas cada 28 días) hay una predominancia los estrógenos sobre la progesterona y en la segunda fase es al revés: hay un predominio de progesterona sobre los estrógenos (como podéis ver en el gráfico anterior). La caída de la progesterona al final del ciclo es lo que produce la descamación del endometrio (la menstruación).

Los efectos de los estrógenos y la progesterona generalmente son antagónicos en los tejidos sobre los que actúan (aunque en algunas funciones son sinérgicos, pero no vamos a meternos en complejidades en este post).

Si la alternancia cíclica estrógenos-progesterona se produce correctamente, todo funcionará bien. Cuando hay un desorden y no hay adecuada compensación cíclica estrógenos-progesterona, esto puede generar diferentes síntomas que iremos explicando a lo largo del post.

Vamos a ver qué ocurre en los diferentes lugares donde actúan las hormonas sexuales femeninas:

1 – CICLO MENSTRUAL

El endometrio es la capa más interna del útero, que se engruesa y si no hay embarazo se descama volviendo a quedar fino, esto (engrosamiento y adelgazamiento del endometrio) sucede cíclicamente.

Los estrógenos estimulan la multiplicación de las células endometriales, sin embargo, la progesterona no multiplica estas células, sino que contrarresta esta acción de multiplicación celular. Y además, la progesterona se encarga de: A) mantener el endometrio en su sitio sin descamarse (de hecho, la regla no baja hasta que no caen los niveles de progesterona) y B) de añadir secreciones en este tejido endometrial (pero no multiplica sus células).

Y así, en la primera fase del ciclo, una vez termina la regla, comienzan a multiplicarse las células endometriales por el efecto de los estrógenos, y después de la ovulación, en la segunda fase del ciclo, la progesterona mantiene a ese endometrio en el útero, añadiéndole secreciones pero sin multiplicar sus células y sin descamarlo. Al final de esta segunda fase, si no hay embarazo, bajan los niveles de progesterona, y esta bajada provoca que ese endometrio se descame (la menstruación).

Que el endometrio se engruese depende de los estrógenos, si no hay estrógenos (como sucede en la menopausia) o si hubiera de forma continuada un predominio de progesterona (o derivados de la misma) por encima de los estrógenos, entonces, no podrían multiplicarse las células del endometrio, se quedaría permanentemente fino.

En la edad fértil, si permanece de manera continua el estímulo de la progesterona (o derivados), las células endometriales no se multiplicarían y por tanto no se engrosaría el endometrio, quedaría siempre fino, con lo que se produciría una amenorrea (ausencia de regla) ya que al no haber engrosamiento endometrial, no habría nada que descamar. Esto es lo que sucede cuando se utilizan tratamientos con gestágenos (formas sintéticas de la progesterona), en estos casos el sangrado menstrual va disminuyendo hasta incluso llegar a desaparecer, como puede ocurrir con la minipíldora (anticonceptivo que solo lleva gestágenos y nada de estrógenos), el DiU Mirena (que lleva gestágenos), el Implanón (implante hormonal que lleva gestágenos), las inyecciones de gestágenos… con estos tratamientos mencionados el endometrio se va afinando hasta retirarse la regla. Obviamente esta ausencia de regla no es porque “la regla se quede dentro” o “porque provoques una menopausia” como algunas mujeres piensan, sino porque no hay endometrio para expulsar, la menopausia es otra cosa (es ausencia de funcionamiento de los ovarios). Si la mujer está en continuo predominio de gestágenos sobre estrógenos, hay que tener muy en cuenta la posible desmineralización ósea a largo plazo pues los huesos necesitan del estímulo de los estrógenos para evitar la desmineralización, si contrarrestamos a los estrógenos con derivados sintéticos de la progesterona hay que tener muy en cuenta no olvidarse de la salud ósea.

El el caso contrario, si hay un estado de exceso de estrógenos habría una mayor multiplicación de células endometriales, por tanto, la regla sería muy abundante.

¿Puede retrasarse la regla y haber exceso de estrógenos? La respuesta es sí: imaginaos que hay un desorden hormonal en que en lugar de haber curvas (estrógenos y progesterona) se mantienen las hormonas de forma monofásica, sin hacer las curvas cíclicas y sin la caída de la progesterona, en este caso puede haber momentos en que los estrógenos están por encima de la progesterona durante más tiempo del debido (hiperestronismo), pero como no hay orden y no se produce la bajada de progesterona puede atrasarse la regla hasta que un buen día caigan los niveles de progesterona y se descame el endometrio, eso sí, en este caso, si ha habido hiperestronismo previo, la regla suele ser muy abundante, ya que ese endometrio ha estado demasiado tiempo bajo el estímulo estrogénico (y por tanto, de multiplicación de células endometriales). En estos casos de retraso menstrual en que hay hiperestronismo (exceso de estrógenos) suelen quejarse las mujeres de que no les baja la regla pero que sienten como si fuera a bajar y notan síntomas como hinchazón, tensión mamaria, retención de líquidos, etc. El tratamiento ideal iría enfocado a que suba la progesterona en la segunda fase del ciclo, de manera que compense el hiperestronismo (y los síntomas del mismo: hinchazón, dolor, tensión mamaria…) y después, a la caída de la progesterona bajaría la regla.

En definitiva, en los retrasos menstruales es posible que estemos tanto en una situación de hiperestrogenismo o en lo contrario: hipoestronismo.

¿Cómo saber si en una mujer con amenorrea (ausencia de regla) hay estrógenos o no? Si la mujer tiene útero es muy fácil de saber: se pone unos días un tratamiento con progesterona y se retira después, como ya hemos dicho, la bajada de progesterona es lo que produce la descamación del endometrio (regla), luego si la mujer ha producido estrógenos habrá engrosamiento endometrial (recuerda que los estrógenos multiplican las células endometriales) y por tanto, al retirar la progesterona habrá regla. En el caso contrario, si hay un déficit de estrógenos no habrá engrosado el endometrio, y entonces no habrá regla al retirar la progesterona. Esto se llama test de progesterona, es poner y quitar progesterona (o derivado sintético de la misma) y nos indica: si baja la regla es que la mujer sí produce estrógenos, y si no baja la regla es que no hay producción de estrógenos.
¿Hay casos en que no baje la regla y que hay producción de estrógenos? pues sí: cuando hay problemas estructurales como por ejemplo ausencia de útero (obvio), el síndrome de Asherman (se pegan las paredes del útero y por tanto no hay posibilidad de engrosar el endometrio por muchos estrógenos que hayan) u otras anomalías estructurales.

2 – SISTEMA NERVIOSO

En general los estrógenos son estimuladores neurales y la progesterona (y sus metabolitos) son inhibidores neurales. Los estrógenos aumentan la actividad de la serotonina y la progesterona la disminuye. Por eso en la primera fase del ciclo estamos más activas y nos comemos el mundo, sobre todo cuando vamos llegando a la ovulación y en la segunda fase tenemos más calma (que no irritabilidad, si hay irritabilidad algo falla como explicaré a continuación).

Esta es la saludable alternancia que se produce en el sistema nervioso central (más energía – más calma).

¿Por qué en algunas mujeres en lugar de más calma en la segunda fase del ciclo tienen más irritabilidad o ansiedad? esto sucede en el síndrome premenstrual, una de las explicaciones que se le da es que se quedan demasiado bajos los niveles de progesterona en la segunda fase del ciclo (acordaos que en la segunda fase del ciclo la progesterona debe estar en sus niveles más altos). Por tanto si la progesterona se queda corta en esta segunda fase no se contrarrestarán lo suficiente los efectos de los estrógenos que ya hicieron su función en la primera fase, y de ahí los síntomas propios del hiperestronismo como la hinchazón, tensión mamaria…, y además, al haber menos progesterona, habrá menos alopregnenolona (que es un metabolito de la progesterona), y precisamente esta alopregnenolona es la que actúa en los receptores cerebrales del GABA (ácido gammaaminobutírico) aumentando la sensibilidad al GABA. El GABA es el principal neurotransmisor inhibidor que produce un efecto sedante, si no hay suficiente actividad GABA en la segunda fase, no se producirá su efecto sedante y de ahí la irritabilidad y ansiedad que puede dar lugar esta progesterona insuficiente.

3 – METABOLISMO

Los estrógenos favorecen más el anabolismo, la progesterona el catabolismo. En el metabolismo volvemos a encontrarnos nuevamente con la saludable alternancia: predominio de anabolismo – predominio de catabolismo.
Para que lo entienda cualquier persona lo explico sencillo: el anabolismo son las reacciones en el cuerpo que producen moléculas grandes a partir de otras más sencillas, ejemplo: almacenar glucógeno a partir de glucosa, almacenar proteínas a partir de los aminoácidos… y el catabolismo es justo lo contrario: formar moléculas más pequeñas a partir de otras más grandes (sería algo así como tirar de los depósitos de almacén que tenemos en el cuerpo). Por eso la progesterona, al “sacar la energía del almacén” es termogénica, es decir, que sube la temperatura basal, esto se puede aprovechar para saber si se produce la ovulación, si hay ovulación significa que habrán buenos niveles de progesterona, y por tanto, se da el aumento de temperatura basal en la segunda fase hasta que baje la progesterona y se produzca la menstruación.

4 – SISTEMA INMUNOLÓGICO

En este caso la saludable alternancia cíclica saludable sería: los estrógenos (primera fase) aumentan la vigilancia inmunológica y la progesterona (segunda fase) la disminuye. Es lógico, pues si hay embarazo, la progesterona evitaría que el sistema inmunológico identificara el embrión como algo extraño contra lo que hay que luchar.
Una de las teorías del porqué las mujeres son más longevas que los hombres está en los estrógenos, pues los estrógenos hacen que la vigilancia inmunológica funcione a la perfección. Pero claro, por otro lado, precisamente por “culpa” de los estrógenos, las enfermedades autoinmunes son más frecuentes en las mujeres que en los hombres. Por eso muchas enfermedades derivadas del hiperestronismo se asocian con frecuencia con enfermedades de hiperreactividad del sistema inmunológico (enfermedades autoinmunes y alergias).
Tan malo es el exceso de vigilancia inmunológica como el defecto, por eso es necesario que se dé esta saludable alternancia más vigilancia-menos vigilancia de forma cíclica para evitar el desajuste de la actividad del sistema inmunológico.

5 – FUNCIÓN RENAL, SISTEMA CARDIOVASCULAR

Los estrógenos estimulan el Sistema Renina Angiotensina-Aldosterona (SRAA) favoreciendo la retención de líquidos, mientras la progesterona tiene la acción contraria (acción natriurética). La saludable alternancia sería: más retención – menos retención de líquidos. Pero en el caso de que hayan niveles demasiado bajos de progesterona y el descenso brusco de la misma justo antes de la menstruación favorecerían la retención de líquidos inducida por los estrógenos en aquellas mujeres con síndrome premenstrual. La frecuencia cardiaca en reposo y tras el esfuerzo es mayor en la segunda fase del ciclo (progesterona) que en la primera (estrógenos).

Por supuesto que hay muchas más funciones de las hormonas femeninas, es todo mucho más complejo de lo que he explicado aquí, pero he intentado resumirlo al máximo y contarlo de la forma más simple posible para que se entienda por qué las mujeres somos cíclicas y que es esta saludable alternancia cíclica la que nos hace estar sanas durante la edad fértil. Os recuerdo que los síntomas de un exceso de estrógenos (hiperestronismo) pueden darse aún teniendo los estrógenos normales o bajos, pues si la progesterona es aún más baja y no compensa suficientemente a los estrógenos, dominará el efecto estrogénico con respecto a la progesterona, es lo que pasa con frecuencia en la perimenopausia que llamamos hiperestronismo relativo.

Para más información sobre el hiperestronismo os dejo este post que escribí el año pasado, que además, ha sido el más leído del blog: AUTOCUIDADOS PARA PREVENIR LOS EFECTOS DEL EXCESO DE ESTRÓGENOS Y LA INFORMACIÓN.

Y para cerrar este post me despido con un poema que escribí sobre esta ciclicidad de las mujeres, si te gusta la poesía te lo cuento también poéticamente jejeje. Ahí lo dejo:

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Imagen: El profesor Jean-Martin Charcot en una clase sobre la histeria. Fuente: Wikipedia.

GEOMETRÍA DE LA HISTERIA

En la Antigua Grecia decía Hipócrates que el útero se movía por el cuerpo de la mujer, y que este desplazamiento provocaba enfermedades.

Histeria viene del griego, de la palabra útero. No sabía nada Hipócrates de la naturaleza cíclica femenina. Tampoco Freud entendió nada.

A lo largo de la historia demasiados hombres teorizado sobre el cuerpo y la psique de la mujer. Demasiado sabio nombrando lo que nunca debió nombrar, demasiado moralista juzgando lo que nunca debió juzgar.

Y desde que nos cargaron con el pecado original, desde que se nos dijo que salimos de una costilla, seguimos igual…

En la tiranía de la patologización de los procesos femeninos, de los cánones cuadriculados de eso que llaman salud femenina, se nos dice cómo debemos ser, cómo debemos sentir…

Quizás sin tanto teórico masculino hubiéramos sabido, que las mujeres no somos histéricas, somos cíclicas pero chocamos con una sociedad que se creó lineal.

Las mujeres somos círculos y desde tiempos inmemoriales se pretende que nos amoldemos a las esquinas imposibles de los cuadrados.

No somos enfermas, no somos histéricas, somos cíclicas, circulares, somos curvas, espirales somos poliédricas,

pero se nos quiere cuadriculadas, lineales se nos quiere rectas, prismáticas, se nos quiere sometidas a una realidad plana renunciando a nuestra naturaleza cíclica femenina.

No somos enfermas, vivimos en una tiranía que nos encorseta y nos desvitaliza, en la medida que interioricemos toda esta violencia, en la medida que nos alejemos de nosotras mismas, en la medida que nos adaptemos a las dolorosas esquinas de los cuadrados, así enfermaremos.

AUTORA: MIRIAM AL ADIB MENDIRI.

Dra. Miriam Al Adib Mendiri.
Ginecóloga y Obstetra. www.miriamginecologia.com

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