Las mujeres somos más longevas que los hombres, pero gozamos de peor salud: mayor prevalencia de dolor crónico y discapacidad, el 85% de los psicofármacos se administra a mujeres, estamos más expuestas a la medicalización de los procesos sexuales y reproductivos…


Eso, unido a que muchas enfermedades que generan una mala calidad en la vida de las mujeres son infradiagnosticadas. El caso paradigmático que lo refleja es el de la endometriosis, que afecta a 1 de cada 10 mujeres, y sin embargo casi el 50% de ellas tardan una media de 8 años en ser diagnosticadas desde que comienzan con dolor.

A nivel social, existen condicionantes que también empeoran nuestra salud: el rol de cuidadora, debido al cual las mujeres cuidan más a personas discapacitadas o dependientes que los hombres, la jornada de trabajo dentro y fuera de casa, etc.

Para la OMS la salud es un estado de bienestar biopsicosocial. Esto significa un bienestar en tres niveles: a nivel biológico (es decir, el cuerpo), psicológico (es decir, la mente) y social (es decir, el entorno).

Cuando enfermamos en alguno de los tres niveles, sin ninguna duda esto va a repercutir en los demás.

Pero cuando padecemos un malestar, aunque afecte a los tres niveles, lo lógico es buscar primero en cuál de los niveles se inicia el problema. Por mucho que tengas síntomas parecidos a una depresión, si éstos son secundarios a un problema orgánico como el hipotiroidismo, lo lógico sería tratar ese hipotiroidismo y no tomar antidepresivos. Tampoco tiene sentido medicalizar un problema social (como sucede con el caso extremo de los malos tratos).

Todos estos hechos nos llevan a la conclusión de que existe un sesgo de género que favorece la medicalización y psiquiatrización de la vida de las mujeres.

A continuación, detallo algunos ejemplos que nos demuestran cómo convivimos con esta realidad, y cómo la tenemos tan asumida y normalizada que a veces no nos damos ni cuenta. Creo que es importante saber identificar estos sesgos, como primer paso para cambiarlos y mejorar así la salud de las mujeres.

Problemas orgánicos que se tratan como psicológicos.


El retraso en el diagnóstico de algunas enfermedades ocurre cuando cursan con síntomas que no se pueden medir de forma cuantitativa, como por ejemplo el cansancio, el dolor o la tristeza. Muchas mujeres no son suficientemente escuchadas, y esto provoca que sus síntomas, a menudo, se atribuyan sin muchos miramientos a problemas psicosomáticos, en lugar de buscar antes las causas orgánicas. Esto sucede con la endometriosis, el hipotiroidismo, o la anemia, por poner solo algunos ejemplos.

Problemas psicológicos que se psiquiatrizan.


Los problemas psicológicos a veces se psiquiatrizan y se tratan con psicofármacos en lugar de probar otras alternativas como la psicoterapia. En otras ocasiones, a veces se medicalizan procesos naturales de la vida como el duelo (es lo que conocemos como la “medicalización de la vida”). Hay que saber que el duelo, como tal, no es una enfermedad.

Cabe resaltar un duelo que socialmente es invisible: el duelo gestacional (cuando se pierde al bebé durante el embarazo o justo tras el nacimiento). Es incontable el número de veces que los problemas psicológicos derivados de partos traumáticos, abortos, esterilidad, etc., en lugar de ser atendidos correctamente mediante la escucha, y el acompañamiento, o desde la psicología si fuera necesario, son directamente silenciados y medicalizados con psicofármacos.

Cuando obviamos los autocuidados y otros enfoques.


La complejidad de los procesos sexuales y reproductivos de las mujeres muchas veces no están bien enfocados, y a menudo se encuentran directamente ignorados dentro de la Medicina. ¿Ejemplos? Son innumerables: la depresión postparto, los problemas con la lactancia, el vaginismo, la vulvodinia, el síndrome premenstrual, el síndrome disfórico premenstrual, etc.).

Son problemas que podrían beneficiarse de otro tipo de manejo no exclusivamente biomédico (psicoterapia, fisioterapia de suelo pélvico, sexología, nutrición, asesoras de lactancia, etc.), incluyendo por supuesto enfoques multidisciplinares. Y qué decir de la poca importancia que damos a los autocuidados, con lo importantes que son para tantas enfermedades como la endometriosis, el síndrome de ovarios poliquísticos, las infecciones vulvovaginales de repetición…

Tomar las riendas.


Solo cuando sabes lo que padeces y conoces los autocuidados que necesitas, tienes la oportunidad de elegir. Puedes dejar de ser un sujeto pasivo y tomar la responsabilidad de llevar las riendas de su salud. Puedes tomar tus decisiones libres e informadas cuando entiendes lo que padeces. La educación (entendida como conocimiento y sabiduría) y la salud están íntimamente unidas.

Si tu regla es irregular, si tienes amenorrea (ausencia de regla) o episodios de metrorragia, si hay dolor menstrual, si tienes síntomas (físicos y/o psicoafectivos) antes de la menstruación (síndrome premenstrual), si literalmente tienes una depresión antes de cada regla (síndrome disfórico premenstrual), si tienes dispareunia (dolor con las relaciones), dolor pélvico crónico,… primero busquemos qué está pasando, luego veremos qué abanico de opciones tienes en tu mano para mejorar: tanto los enfoques médicos como otros enfoques multidisciplinares si es necesario, y veamos qué autocuidados puedes aplicar para mejorar tu situación.

Y lo más importante: nunca olvides que la protagonista de tu salud eres tú.

Os dejo también el video de mi colaboración en el encuentro en RTVE ‘Mujer, Ciencia y Medicina’, donde traté todos estos temas junto junto a Carme Valls, médica española, especializada en endocrinología y medicina con perspectiva de género, y María Blasco, bióloga molecular y científica, directora de Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIO).

Espero que este post os haya resultado útil. Os espero muy pronto con nuevos contenidos. También podéis seguirme en Facebook, Twitter, e Instagram.