La conciencia corporal es esencial para mantener la coherencia en la respuesta que el organismo tiene ante los estímulos dolorosos o placenteros. Si un estímulo que yo entiendo como placentero me resultara doloroso, podría ser por muchas causas, y una de ellas es la distorsión de la conciencia corporal.


El vaginismo es una respuesta (no consciente) en la que los músculos alrededor de la vagina se tensan impidiendo la penetración. Puede ser secundario a algo inicialmente físico, por ejemplo: si tienes una vulvovaginitis atrófica y no se trata, con el tiempo podría añadirse un vaginismo secundario, sintiendo aún más dolor durante la penetración. Y entonces, no solo habría que tratar la vulvovaginitis, sino también el vaginismo secundario.

La cronicidad de un problema vulvovaginal sin resolver, con el tiempo, puede producir una vulvodinia (una alteración en los receptores del dolor), lo que provoca dolor en la vulva aún sin recibir estímulos dolorosos. Y para añadir más complejidad al asunto, con el tiempo, un problema vulvovaginal podría terminar afectando al vecino sistema urinario, desembocando en lo que llamamos síndrome genitourinario (síntomas vulvovaginales y síntomas urinarios).

¿Cómo se inicia?


Todo lo dicho anteriormente (vaginismo, vulvodinia, síndrome genitourinario) no siempre se inicia con un daño inicial como una vulvovaginitis, también puede iniciarse en el cerebro. Y no necesariamente es provocado por un trauma sexual o por un entorno educacional represivo; no siempre el origen del problema está en un hecho dramático o traumático, sino que puede deberse a algo mucho más anodino pero igualmente importante: una mala conciencia corporal, sin más.

Hay mujeres que nunca han explorado ni tocado sus genitales, que incluso han evitado hasta ponerse un tampón, y no por una educación represiva, sino porque simplemente les impresiona, o les da miedo, o pereza, es esa sensación de “a ver si no voy a controlar esto y me voy a hacer daño”, o incluso les genera rechazo, con esa idea de “qué asco me da… De esta forma tan simple se va instaurando una conciencia corporal distorsionada, como si esa parte de tu cuerpo no fuera tuya: no hay representación en el cerebro de esta zona.

Entonces, en una situación así, en un contacto sexual con penetración, en lugar de sentir placer, puede que se sienta dolor. Porque es una parte de tu cuerpo que no tienes bien integrada en tu mente, y, de repente, otra persona accede a ella. En este contexto puede que en lugar de relajar y contraer los músculos en coherencia y en consonancia con el deseo, esos músculos vayan “por su cuenta”, y además, la conducción de la sensibilidad (a través de los nervios hasta el cerebro) puede interpretar dolor en lugar de placer.

¿Por qué sucede todo esto?


Todo esto sucede porque el cerebro no consciente considera que hay un “peligro”, debido a que no tienes una buena integración de la conciencia sobre esta parte de tu cuerpo, y estás recibiendo estos estímulos por parte otra persona.

Y no puedes entregar tu cuerpo a una experiencia sexual compartida, si no te has entregado primero a ti misma: tú misma -y no otra persona- tienes que conocer primero tu propio cuerpo, no se puede sentir placer si no has integrado bien tu cuerpo en tu mente. Cuando hay malestar genital, sea por la causa que sea (ya sea de origen físico o mental), no debemos normalizarlo y dejarlo pasar, pues con el tiempo, la sensibilidad al dolor se irá acentuando, lo cual dificultará aún más el tratamiento.

Siempre debemos realizar una valoración inicial, donde podamos hacer primero un diagnóstico adecuado y, a partir de ahí, establecer el abordaje terapéutico, que es muy variable dependiendo del problema en cuestión, pudiendo necesitar según cada caso: tratamientos ginecológicos, abordaje psicoterapéutico, sexología, fisioterapia de suelo pélvico, ginecología regenerativa, nutrición, etc.

Hay casos sencillos que no necesitan gran cosa para solucionarlos, en cambio, otros casos presentan una gran complejidad y requieren un abordaje multidisciplinar. Lo que es esencial es realizar siempre una valoración adecuada para estudiar qué tratamiento específico es el necesario y qué profesional/es puede/n solucionarlo.

 “No puedes entregar tu cuerpo a una experiencia sexual compartida, si no te has entregado primero a ti misma: tú misma -y no otra persona- tienes que conocer primero tu propio cuerpo, no se puede sentir placer si no has integrado bien tu cuerpo en tu mente”


Y de ahí surgió el sueño…


De ahí surgió mi sueño de construir un equipo multidisciplinar muy cualificado para ofrecer una atención integral a todos los problemas sexuales femeninos. Y de esta idea, en un camino repleto de ilusión, surge Clínicas MiriamGine.

Las primeras relaciones sexuales a veces pueden tener una repercusión fatal si no hay una buena conciencia corporal. 📗​ En mi nuevo libro ‘Hablemos de Adolescencia’ (tenéis mucha más información en este link) hablo de forma más detallada sobre la conciencia corporal (también en Hablemos de Nosotras traté algo este tema).

La novedad de este libro es que está escrito para personas a partir de la adolescencia (pero sin límite de edad, cualquier persona puede beneficiarse y aprender de él). Con prólogo de la Dra. Sari Arponen, tiene, además, unas ilustraciones preciosísimas que ha realizado Yolanda Cabrera (en este link podéis ver las primeras páginas).

Dra. Miriam Al Adib Mendiri.
Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Extremadura.
Especialista en Ginecología y Obstetricia.
Colegiada Nº 06/5634


Espero que este post os haya resultado útil. Os espero muy pronto con nuevos contenidos. También podéis seguirme en Facebook, Twitter, e Instagram.


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