¿Cómo elevan los malos hábitos y la inflamación el riesgo de depresión y otras enfermedades?

Como vimos en el post anterior, De la inflamación a la depresión. I parte, la inflamación sistémica de bajo grado es provocada por los malos hábitos y, a su vez, provoca alteraciones en el tejido adiposo y la resistencia a la insulina, liberando finalmente más células inflamatorias al torrente sanguíneo. 

Ya hemos establecido la relación entre la inflamación sistémica de bajo grado, la resistencia a la insulina y las funciones del tejido adiposo, lo que, todo junto, puede llevar a un círculo vicioso durante el que se infiltran células inflamatorias en el torrente sanguíneo.

 

Vamos a ver ahora cómo se vincula este mecanismo, la inflamación sistémica, la resistencia a la insulina y la grasa con la aparición de la depresión. Primero, definamos bien: no hace falta ser obeso para que la grasa presente niveles de células inflamatorias infiltradas.

 

Cuidado: las personas delgadas también tienen grasa ‘subcutánea’

 La resistencia a la insulina no es solo cosa de personas gruesas, una persona delgada puede hacer “enfermar” su grasa subcutánea debido a los malos hábitos.

 

¿Y cuáles son estos ‘malos hábitos’?

Aparte de la edad —es inevitable, a mayor edad, mayor resistencia a la insulina— existen varios factores que podemos evitar:

  • dietas ricas en procesados y azúcares
  • sedentarismo
  • estrés
  • insomnio
  • hábitos tóxicos (tabaco, alcohol…)
  • obesidad

 

¿Cuál es la relación entre obesidad y riesgo de cáncer?

Otra vez, la inflamación sistémica de bajo grado es la culpable. Además, la grasa tiene una enzima —la aromatasa— que convierte la testosterona en estrógeno, y los altos niveles de estrógeno aumentan el riesgo de enfermedades estrógeno-dependientes como el cáncer de mama o el de endometrio.

 

Y a esto hay que añadir el propio estrés oxidativo, que también se relaciona con el cáncer.

 

 El cerebro y la resistencia a la insulina

 En las últimas décadas se ha hecho evidente la relación entre la resistencia a insulina e inflamación sistémica de bajo grado con la depresión. Aunque esta dolencia se relaciona con un desequilibrio en los neurotransmisores, también es verdad que este desequilibrio es consecuencia de la inflamación sistémica y el daño oxidativo. Así, es necesario apuntar que la falta de respuesta al tratamiento con antidepresivos se debe a que los pacientes no han disminuido sus niveles de inflamación sistémica.

 

Por tanto, la depresión debería abordarse desde una perspectiva más global combinando la psicoterapia con la inserción de hábitos de vida saludables como el ejercicio físico y la dieta.

 Las últimas líneas de investigación señalan la inclusión de ácidos grasos Omega-3 en la dieta como efectiva para las personas que no responden al tratamiento con antidepresivos. Además, las dietas cetogenéticas han demostrado eficacia en la disminución de niveles neuroinflamatorios.

 

Resistencia a Insulina y Microbiota Intestinal

Ya se ha visto, entonces, que la inflamación sistémica, el tejido adiposo y la resistencia a la insulina están estrechamente relacionados. Ahora, añadamos otro elemento a la ecuación: la microbiota intestinal.

 

Cuando hay un desequilibrio en el sistema de microorganismos del intestino (disbiosis), esta genera inflamación intestinal y hacen que el tejido se vuelva permeable, filtrando sustancias nocivas en la sangre —en lugar de ser eliminadas por las heces. Estas sustancias dañinas activan el sistema inmunológico, causa inflamación y, así, provoca la ya conocida inflamación sistémica de bajo grado.

 

Existen investigaciones que señalan al intestino como el origen de muchas enfermedades no intestinales, así como otras que señalan que ciertas bacterias predisponen a determinadas enfermedades mentales.

 

Pero lo cierto es que el eje intestino-cerebro funciona, bien a través del mecanismo inflamación – permeabilidad – liberación de sustancias dañinas – inflamación sistémica de bajo grado, bien a través de la microbiota. Esta, la colonia de bacterias que pueblan nuestro intestino, interviene en el metabolismo del triptófano, precursor de la serotonina.

 

¿Sabías que el 90% de la serotonina se fabrica en el intestino?

Una alteración en la microbiota puede disminuir la producción de serotonina, neurotransmisor cuyos niveles disminuyen durante un proceso depresivo, importante para el buen estado de ánimo.

nik-macmillan-myhNbM3PCg4-unsplash