La menopausia es una etapa (que no una enfermedad) que marca la transición entre la etapa reproductiva y la no reproductiva, y viene determinada por el cese de la actividad ovárica y por tanto de la menstruación.


La media de edad a la que sucede es entre los 45 y los 55 años. Si bien esta es una definición puramente biomédica, no podemos olvidar que se trata de una transición compleja en la que además de los factores biológicos, también interactúan numerosos factores psicológicos, sociales y culturales.

En otros posts he hablado desde un punto de vista biológico, por lo tanto, hoy no hablaré ni de síntomas ni de tratamientos, sino que desgranaré los aspectos psico-socio-culturales, que influyen mucho a la hora de vivir esta fase de forma positiva o negativa.

Nuestro marco sociocultural


Vivimos inmersos en la cultura del bienestar, que si bien ha logrado avances indiscutibles en nuestra calidad de vida, tiene también aspectos negativos, desequilibrios, que creo que no hemos logrado resolver aún. Por ejemplo: el desmedido culto a la belleza y a la eterna juventud, la fe ciega en los avances, una sociedad en la que se medicalizan fácilmente los procesos normales de la vida, una sociedad que no acepta el envejecimiento…

Si hablamos de envejecer, este hecho deja de ser un proceso precioso de maduración, de serenidad, de sabiduría, de experiencia y de estabilización emocional para transformarse en un proceso tedioso que hemos de combatir con todo lo que esté a nuestro alcance, todo tipo de técnicas, procesos y remedios.

Características de nuestra cultura occidental


Algunas de las características que marcan nuestra cultura occidental influyen de forma directa en esta etapa.

1. Sociedad lineal vs. Mujer cíclica.

Como ya mencioné en otro post, nuestra sociedad lineal choca frontalmente con los cambios naturales que se producen en el cuerpo cíclico de la mujer: con los cambios normales del ciclo menstrual, los cambios que produce la maternidad, los cambios de la menopausia…

Parece ser que cualquier proceso natural femenino debe ser tratado como una enfermedad. La deducción es simple: y es que culturalmente, los mensajes (explícitos e implícitos) que cualquier mujer (de cualquier edad) recibe más a menudo aluden casi siempre a que lo “bueno” es permanecer siempre igual, ser inalterable es una virtud, hay que ser (o estar) siempre joven, siempre bella, siempre de buen humor, siempre con energía… Es una absoluta locura.

Todo lo que se aleje de este estereotipo es, por decirlo suavemente, poco tolerado, o resulta incómodo (cuántas veces hemos oído las frases típicas en tono despectivo aludiendo a nuestras hormonas, nuestra regla, nuestro aspecto o nuestro humor… todas ellas fruto de la ignorancia y del más absoluto desconocimiento).

2. Pensamiento dual.

La cultura occidental está dominada por una forma dicotómica y jerárquica de ver el mundo. Ya sabéis que es una forma de pensar basada en categorías absolutas: blanco o negro, donde no hay matices.

Casi sin darnos cuenta, bajo esta forma de pensar hacemos asociaciones; por ejemplo: la menarquia (primera regla) con el “ya soy mujer”, y en cambio, la menopausia anuncia el “ocaso de la feminidad”, el inicio de la decadencia física y psíquica de la mujer, la pérdida de la frescura de la juventud.

El peso del pensamiento fuertemente polarizado en dicotomías causa estragos en cómo percibimos la menopausia. De esta forma, en las dicotomías: bueno-malo, fertilidad-infertilidad, juventud-vejez, belleza-fealdad… inconscientemente (porque así lo hemos aprendido) ponemos en el lado malo “infertilidad, vejez, fealdad”, y en el lado bueno “fertilidad, juventud, y belleza”. Sin pensar y sin matices.

 “Nuestra sociedad lineal choca frontalmente con los cambios naturales que se producen en el cuerpo cíclico de la mujer: con los cambios normales del ciclo menstrual, los cambios que produce la maternidad, los cambios de la menopausia…”


3. Negación del envejecimiento y modelos ideales de mujer.

El culto a la belleza y a la perfección, y, por otro lado, la negación del envejecimiento y la muerte, da lugar a la construcción de un ideal de mujer, que, una vez más, vuelve a ser inalterable, nada cambia (no se nos permite cambiar), debe seguir todo exactamente igual: la misma energía que en la juventud, el físico lo más juvenil posible, sin arrugas, sin canas, sin grasa en la cintura…

Cuanto más joven pareces, más belleza se te adjudica, y así como en la juventud los ideales de mujer se acercan a la delgadez, ahora en la madurez, además añadimos el deseo de parecer lo más jóvenes posible. El mejor piropo pasa a ser “pareces 10 años más joven”.

4. Aceptarse y cuidarse: Doña Rogelia vs. Madonna.

Desde hace unas décadas a esta parte hemos pasado de la resignación más absoluta, a la negación total de la normalidad del proceso de envejecer.

Para explicarme, pondré un ejemplo quizás poco ortodoxo pero que creo que ilustra bien esta idea:

Del modelo de mujer resignada al estilo “Doña Rogelia” (entiéndase por mujer avejentada, vestida de luto, que no se cuida, pasiva y resignada a ver el ocaso de su feminidad), pasamos al extremo contrario: abrazamos el ideal (falso) de la eterna juventud, el colágeno hasta detrás de las orejas y la medicalización total de la vida (el ejemplo aquí podría ser Madonna, que “parece” tener más energía y mejor físico ahora que a los veinte).

Este sencillo ejemplo (es solo eso, un ejemplo), creo que sirve para reflejar bien ese desequilibrio, esos extremos alterados, sin matices. Y ni un extremo ni el otro nos permitirá vivir la menopausia con plenitud.

¿Y qué podemos empezar a hacer para huir de estos extremos, para comenzar a andar el camino de nuestro bienestar?

• Lo primero: la aceptación y no negación de los cambios. Nuestro cuerpo cambia, afrontamos nuevas situaciones (si hay hijos, éstos vuelan del nido, etc.), la energía no es la misma… Este es el punto de partida, pues no podemos vivir negando la evidencia, ya que todo se volvería contra nosotras mismas.
Aceptación no significa para nada resignación, aceptar es siempre compatible con cuidarse. Resignarse, en cambio, sería abandonarse, lo que tampoco nos proporcionaría un bienestar equilibrado. La aceptación es la clave, porque cuando aceptas no reprimes, no niegas lo que te pasa.

Tengamos siempre una idea presente: mientras estamos vivas queda mucho por aprender, por vivir, por crear, por emprender… Por tanto: aceptar, sí; resignarse y abandonarse, no.

• Cuidarse. Parece simple, pero no lo es. Vamos, poco a poco, avanzando y entendiendo como sociedad que los cuidados deben ser una responsabilidad compartida, pero aún queda camino por recorrer en este sentido. A muchas mujeres, tan acostumbradas a cuidar a los demás (pareja, hijos, nietos, padres, sobrinos…) les cuesta mucho dedicarse a sí mismas, darse mimos y cuidados: se sienten invadidas por una sensación de culpabilidad, les parece que están siendo egoístas.

Es necesario aprender a cuidar la salud física, mental, espiritual, tener una red social de soporte, y también, por qué no: cuidar de la imagen, la belleza, pero sin la obsesión de permanecer “encorsetada” por siempre jamás en un cuerpo joven.

Por eso es tan importante aceptar los cambios. ¿Por qué la belleza en la mujer ha de ser tener siempre la etiqueta de “joven”? ¿Acaso una mujer con arrugas no puede jamás ser bella?. Para verlo con más claridad, otro ejemplo fácil: pensemos en cualquier actor o personaje famoso, maduro, con sus arrugas, sus canas… Socialmente es percibido como un hombre con autoridad, experiencia e incluso “interesante”…

¿Por qué no mirar de la misma forma la belleza madura de las mujeres? ¿Es que no tenemos derecho a envejecer?

5. Las mujeres con pareja e hijos. Las que cuidan de sus padres ancianos. Las que pierden a sus padres. Cambios vitales, laborales. Cambios y más cambios.

En no pocas mujeres, en esta etapa coinciden además otros cambios en su entorno, y obviamente, necesitan su espacio y su tiempo para ir aceptándolos y encajarlos en sus vidas.

Muchas de las mujeres que tienen hijos, cuando éstos salen de casa, lo viven como una pérdida. Por otro lado, para algunas, al volver a encontrarse de nuevo a solas en el hogar con su pareja, pueden aparecer fricciones en la convivencia. Si la comunicación anteriormente había sido buena, no habrá problemas, el problema viene cuando la falta de comunicación viene de lejos, ya que durante el tiempo de estar pendientes de los hijos, se ha silenciado esta carencia de afecto y comunicación.

Algunas parejas se rompen, pero, en realidad, no se ha perdido nada que no estuviera ya perdido de antes. Lo que sucede es que cuando los hijos salen del hogar, en muchos casos, salen a la luz muchos problemas de la pareja que andaban aparcados, siendo éste el momento en que se materializa la ruptura.

A otras mujeres les coincide en esta etapa con la pérdida de sus padres, otras cuidan de sus padres enfermos… Otras tienen cambios a nivel laboral…

Por tanto, a la etapa biológica como tal, le suele acompañar otra serie de cambios en el entorno. Por eso, cuando una mujer se siente deprimida o irritable, no podemos echar toda la culpa a la bajada de estrógenos de la menopausia, a veces, hay otras razones que nada tienen que ver con el proceso biológico en sí.

En otras ocasiones, no se sabe qué es antes, si el huevo o la gallina; es decir, si la misma bajada de estrógenos de la menopausia directamente hace que me deprima o si me deprimo porque no acepto los cambios que se producen y quiero esa eterna juventud irreal de la que antes he hablado.

6. Otras culturas.

En las culturas orientales, donde tienen más aceptado el sentido de la impermanencia de las cosas, y no chocan tanto con los cambios, la menopausia se asocia con una fase de culmen en la mujer, donde adquiere prestigio y poder dentro de la sociedad.

Para las mujeres tailandesas supone alcanzar una posición social y una liberación del vínculo sexo-procreación (Punyahorta y Dennerstein, 1997). Para las mujeres indias es una etapa donde ganan prestigio y poder, tanto en la familia como en la sociedad. Por el contrario, en occidente, esta fase de la vida se asocia con pérdida de estatus y de la sexualidad (Kaur, 2004).

No voy a extenderme más en este punto, pero hay muchos más estudios antropológicos que demuestran que la menopausia se vive de formas muy diferentes según la cultura donde vives.

Conclusiones…


• Lo más fácil, pero seguramente equivocado, es achacar todo lo que me pasa a la menopausia, vivirla como una enfermedad, y no como una compleja etapa de cambios, e ir al médico y que me recete un antidepresivo… Pero podemos optar por una opción mucho mejor, que supone no quedarse en la superficie.

• Lo mejor es serenarme, aceptarme, indagar, bucear dentro de mí misma para entender lo mejor posible qué es lo que realmente me pasa. Buscar ayuda si la necesito, pues no es más fuerte el que todo lo puede sino el que mejor conoce sus propias limitaciones y sabe pedir la ayuda que le falta. Rodearme de gente que me haga feliz, cuidar las amistades que merecen la pena. Aceptar que la energía no es la misma, que el cuerpo cambia, ni más bonito ni más feo, distinto.

Cuidarse y mimarse, es momento de mirar por una misma, de disfrutar de los muchos placeres que ofrece la vida, de la buena compañía, de la sexualidad (porque ojo, la sexualidad no desaparece con la menopausia), de nuevos proyectos, de los nietos, de la serenidad, de la sabiduría, de aprender nuevas cosas.

“Madurar es bonito cuando no te dejas influenciar por los mitos de nuestra cultura”.

Si tienes dudas de salud sobre ginecología, menopausia, embarazo, sexualidad, etc., te recuerdo que pongo a tu disposición mi servicio de Consultas Online. Te atenderé de forma totalmente personalizada, sin que tengas que desplazarte, para resolver todas tus dudas.

Accede a la Consulta Online

Dra. Miriam Al Adib Mendiri.

Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Extremadura.

Especialista en Ginecología y Obstetricia.

Colegiada Nº 06/5634


Espero que este post os haya resultado útil. Os espero muy pronto con nuevos contenidos. También podéis seguirme en Facebook, Twitter, e Instagram.